Soda Para llevar nace de la necesidad de reconstruir recuerdos de mi infancia a partir de un producto icónico de México en los años noventa el cual es el refresco en bolsa, vendido así para evitar el costo del envase retornable de vidrio, antes del arribo del PET a la industria refresquera.

El refresco en bolsa es un detonante nostálgico de mi niñez, por eso decido reforzar el vínculo con la memoria infantil realizando la construcción de escenarios de manera lúdica a partir de foamie y cartulinas de colores inspirándome en las chamarras deportivas que se utilizaban en aquella época.

Así mismo, el marco de texturas, colores y formas que acompaña a la imagen es un acercamiento a la manera en la que se presentaban algunos productos en medios impresos en los noventa.

Soda para llevar pretende generar una reflexión crítica hacia la industria refresquera, en relación a los daños medioambientales y a la salud que engloban la producción y el consumo de sus productos, como la explotación del agua, los deshechos plásticos y las enfermedades como la diabetes y la obesidad.

De manera irónica, el carácter del producto hace un guiño a la mercadotecnia utilizada por la industria refresquera donde la publicidad no deja de ser nunca visualmente agradable aunque esconde siempre el mencionado impacto negativo.